¿A quién buscaba el rey Felipe II cuando viajó de incógnito hasta la Peña de Alájar en la Sierra de Aracena? Aquí te contamos la leyenda

Peña de Arias Montano, vista desde Alájar

Peña de Arias Montano, vista desde Alájar

@AhoraNoticiasEs

La Peña de Arias Montano (Alájar, Huelva) debe su nombre al humanista y consejero Real del siglo XVI Benito Arias Montano, que eligió este apartado paraje como lugar de retiro para abordar sus trabajos intelectuales. Cuenta la leyenda que hasta allí fue a buscarlo de incógnito el mismo rey Felipe II para que volviera con él a la Corte

Desde Aracena, al norte de la provincia de Huelva y en pleno corazón del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, serpentea hasta el municipio de Alájar una carretera no apta para grandes velocidades. Al poco de comenzar el recorrido la frondosidad del paisaje de encinas y castaños centenarios provoca la sensación inmediata de haber desconectado de la civilización urbana y de estar bajo los dominios de la madre naturaleza.

Es fácil imaginar cómo sería la vida por aquellos parajes en los siglos pasados, cuando no había ni carreteras ni luz artificial. Al llegar a las inmediaciones de Alájar, un camino a la derecha indica la subida a la Peña, un promontorio desde el que divisa gran parte la sierra y desde el que, en los días claros, pueden verse los destellos de la costa de Huelva.

Desde tiempos inmemoriales este escarpado paraje albergó cuevas donde los eremitas y anacoretas se retiraron a la contemplación y a la vida interior. Hoy sigue siendo lugar de culto, dominado por la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, cuya romería (la Romería de la Reina de los Ángeles) en torno al 8 de septiembre atrae a fieles de toda la comarca y a visitantes de los más diversos lugares. Este año, la crisis del coronavirus impedirá su celebración.

Espadaña original del patrimonio de Arias Montano que aún se conserva en la explanada de la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles de Alájar.
Espadaña original del patrimonio de Arias Montano que aún se conserva en la explanada de la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles de Alájar.

Benito Arias Montano

Pero… ¿quién fue el personaje que da hoy nombre a la Peña de Alájar? Benito Arias Montano, nacido en Fregenal de la Sierra (Badajoz), fue un humanista, hebraísta, biólogo, traductor, teólogo, filólogo, poeta latino y escritor políglota español, del que se dice que llegó a dominar, aparte del español y el latín, once idiomas. También fue editor de la controvertida Biblia regia (o Biblia políglota) de Amberes (1568-1572), lo que le acarreará algunos problemas con la Santa Inquisición.

De su Extremadura natal pasó a estudiar a Sevilla y luego a Alcalá de Henares, siempre protegido por personalidades que supieron ver sus cualidades para el estudio. Arias Montano toma el hábito e ingresa en la Orden de Santiago, y acompaña en 1562 al obispo de Segovia, Martín Pérez de Ayala, al Concilio de Trento. El prestigio que le conceden algunas de sus intervenciones en el Concilio le convierten en una de las personalidades intelectuales del momento, hasta el punto de que en 1566 es nombrado capellán y confesor de Felipe II.

Por entonces, Benito Arias Montano ya conoce la Peña de Alájar, en la que había pasado alguna temporada muchos años antes al visitar al anacoreta solitario que habitaba allí, y cuya vida dedicada a la contemplación de la naturaleza e interpretación de los textos sagrados había querido imitar desde entonces. El ambiente de la Corte no le agrada en absoluto y pide que le dejen marchar hacia la Peña de Alájar, pero el monarca quiere que sea consejero suyo sobre asuntos de política exterior, especialmente las cuestiones de Flandes, y le encomienda, además, la organización y catalogación de la biblioteca de El Escorial.

Denuncia a la Inquisición y retirada definitiva a la Peña

En 1568, el Rey le encarga que supervise la edición de la Biblia Políglota que el impresor Cristóforo Plantino quiere sacar en Amberes. La monumental obra sale a la luz entre 1560 y 1573 en ocho volúmenes con el título de Biblia Regia. El trabajo filológico de Arias Montano le cuesta una denuncia a la Inquisición por parte del catedrático salmantino León de Castro, el mismo que denunció a Fray Luis de León, por considerar que su interpretación del texto bíblico no guarda la suficiente fidelidad con las sagradas escrituras. Un asunto que en aquellos tiempos podía costar la vida.

La Inquisición lo exculpa finalmente y, tras renunciar a un obispado y a otras dignidades, se escapa siempre que puede a la Peña de Alájar, pero el monarca siempre vuelve a requerir sus servicios de cancillería. Es a partir de 1592 cuando se retira de sus cargos cortesanos y se vuelve a Alájar para pasar largas temporadas en su retiro predilecto.

Felipe II visita de incógnito a la Peña

Es entonces cuando se dice que el propio Felipe II, acompañado de su secretario Gabriel de Zayas, iría de incógnito desde Badajoz a Aracena para visitar a su consejero en aquel paraje, del que tanto le había hablado y que tanto había elogiado en sus cartas.

Paisaje que se divisa desde el entorno de la Peña de Alájar, propicio a la vida contemplativa.
Paisaje que se divisa desde el entorno de la Peña de Alájar, propicio a la vida contemplativa.

Felipe II pudo entonces comprobar in situ el por qué de la querencia de su consejero hacia este apartado lugar que aún hoy nos sobrecoge. Se dice que la Peña había sido desde tiempo inmemorial un espacio en el que culturas prerrománicas hallaron un magnetismo telúrico y en el que se habían realizado rituales de adoración a la Naturaleza. Siglos más tarde, como ocurre en el valle de las Ermitas de Córdoba, fueron los eremitas los que habitaron las diferentes cuevas que se esconden en la falda de la peña para dedicarse a la vida contemplativa.

Es lo que hizo Arias Montano, que, en una carta a Gabriel de Zayas, secretario de Felipe II, describía el lugar en estos términos:

«Estancia es, que por ninguna ciudad la trocaría por no haber visto en cuanto he andado en España ni aún en otras provincias, un sitio semejante a éste de la Peña de Aracena en el cual concurren muchas cosas naturales (…) Porque perpetuamente tiene verdura de monte, y pasto de yerba y diversos frutos que caen de las matas, y es caliente, donde jamás cuaja nieve y abunda en muchas partes de agua (…) Juntas todas las bellezas naturales que este lugar posee no creo haya pieza en Europa que le lleve ventaja…»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.