«Caprichos del abuelo» una exposición de coches y motos clásicas en la Reserva del Castillo de las Guardas

«Caprichos del abuelo» una exposición de coches y motos clásicas en la Reserva del Castillo de las Guardas

El Fiat Balilla que sirvió en el frente, como coche médico durante la Guerra Civil

Visitar la Reserva del Castillo de las Guardas es viajar en el tiempo. Lo mires como lo mires. Se encuentra a 58 km de Sevilla, entre las ruinas de una antigua mina que se remonta al periodo romano. El visitante viaja en el tiempo porque, además, sin bajar de su vehículo, puede realizar una ruta por un extenso terreno, 230 hectáreas de una frondosa masa forestal, para poder contemplar animales en semilibertad, agrupados en familias y en un entorno, lo más similar posible a su hábitat natural. Este paseo es otro viaje en el tiempo, al tiempo de los Safari.

Esta palabra que significa «viaje» y comenzó a popularizarse a partir del siglo XIX, hoy día son un atractivo turístico en el continente africano. En esta forma de viajar, hay vinculación con el mundo del motor. Los más afortunados, los que se vayan al tercer continente más grande del planeta, podrán disfrutar horas y horas al volante o como copilotos, de todo terrenos como, por ejemplo, el Toyota Hillux D4D, muy usado en Safaris en el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica.

Pero volvemos al Castillo de las Guardas, en Sevilla, donde podemos hacer un safari, entre animales, desde nuestro propio coche. Pero hoy no venimos a hablar de este maravilloso mundo mágico que se despliega en este terreno. Venimos a hacer otro viaje en el tiempo. Venimos a ver coches y motos clásicas que se encuentran aquí, en una exposición permanente, ahora cerrada por la pandemia provocada por la Covid-19. Eso si, la visita a la Reserva, para ver animales, está abierta al público.

Este reportaje surge gracias a que mi amigo Rufino, propietario de una joya, una antigua furgoneta camperizada por él mismo, me puso tras la pista. «Mira qué colección de coches hay en la Reserva», me escribió, adjuntándome algunas fotos de la nave de cristal, donde duermen estos coches y motos. Encendió todos mis radares y lo vi claro. Así que este paseo virtual es gracias y dedicado a Rufino.

Ya hemos explicado que la visita no está abierta al público, aún. Pero la dirección de la Reserva es optimista y sueña con poder ofrecerla, de nuevo, como un aliciente más a la visita. Mientras eso ocurre, han dejado que nuestras cámaras entren. Al menos podemos hacer la visita desde casa, a través de Ahora Noticias Andalucía. Disfrútenla.

El sueño de un hombre enamorado por los coches

Nos atiende José Antonio Aguilera, es responsable de una de las Áreas de la Reserva Natural del Castillo de las Guardas, pero además es también un enamorado de los coches clásicos, integrante del Club  Clásicos y Joyas de Sevilla. Sin duda no hay mejor perfil para poder acribillarle a preguntas sobre los modelos que vamos a conocer hoy. La primera ¿Cómo es que aquí, hay un espacio dedicado a los coches y motos de otras épocas?, es casi lo último que me esperaba. Grata sorpresa. Aguilera nos responde que nace del sueño y la ilusión del propietario de la Reserva, Antonio Ibáñez que «cuando cumplió 65 años sintió nostalgia de su niñez y juventud, de los coches, motos, carros y bicicletas que le enamoraron tiempo atrás y que nunca antes pudo tener». José Antonio Aguilera nos recuerda que el propietario de la Reserva es «un hombre, un empresario hecho a sí mismo. Un hombre normal que todo lo que ha conseguido, lo ha logrado a fuerza de trabajar». En este contexto, con 65 años cumplidos, Antonio Ibáñez se puso a la búsqueda de aquellos coches que le recordaban tiempos pasados, vinculados a algún periodo de su vida, y montó esta exposición permanente bajo el nombre de «Caprichos del Abuelo».

Fiat Balilla

«Si estos coches hablasen contarían grandes historias»: El coche que sirvió en el frente, como vehículo médico, durante la Guerra Civil.

En el periodo en el que hemos realizado nuestra visita, la exposición está cerrada al público, por las imposiciones propias de la pandemia. Son todos los que están, pero no están todos los que son, faltan algún que otro modelo, como un Seat 600. Pero la representación es más que suficiente, como para echar un buen rato mirando joyas del pasado y entreteniéndonos en sus detalles.

El primer modelo que nos destaca José Antonio Aguilera es un Fiat Balilla «cuando adquirimos el vehículo e iniciamos el proceso de restauración, nos dimos cuenta que en el motor, había una chapa identificativa, que nos detallaba todos los datos personales del primer propietario. Algo que desconocíamos. Así que teníamos, nombre, apellido y dirección del primer dueño». A partir de esta placa identificativa comenzaron a tirar del hilo, hasta que descubrieron que se trataba de un famoso médico sevillano de aquella época. Recordemos que el Fiat 508, apodado como «Balilla» se presentó en el Salón del Automóvil de Milán en 1932. «Conseguimos localizar al hijo del primer dueño, un señor con 80 años. Vio el coche, se emocionó muchísimo. Se le llegaron a saltar las lágrimas porque suya fue la decisión de venderlo» pero al ver que se encontraba no solo sano y salvo, sino en las manos de un amante de los coches, quedó reconfortado. José Antonio Aguilera nos explica, «el hijo del propietario nos contó que durante la Guerra Civil, era costumbre requisar los vehículos para dedicarlos a la causa bélica. Como su propietario era Médico, no se lo quitaron de las manos, sino que le dejaron que fuese al frente con el para atender, ayudar a los heridos de guerra. Si este coche hablase, la cantidad de historias que nos podría contar, de personas que llevó entre sus asientos, a las que consiguieron salvar y a las que lamentablemente murieron».

Mas piezas de museo

Seguimos paseando por esta exposición y nos detenemos en los vehículos de 2 ruedas y algunas unidades dotadas de sidecar. Destaca el Iso Carro, “este era el medio de transporte dominante para los autónomos y pequeños emprendedores, hasta que se popularizaron las furgonetas a mitad de los años 50 del pasado siglo” nos explica Aguilera, que destaca la Vespa con sidecar “aunque parezca mentira, esto era un utilitario. En el sidecar iban la madre, el padre y los hijos para desplazarse, salir al campo o ir a la playa, hasta que llegó el 600”. Recordemos que el Seat 600 popularizó el uso del coche en la familia media española. En el mismo apartado, destaca un carro destinado a la venta de pan, en esta caso movido por una parte ciclo.

MOTO PANNONIA CON SIDECAR 1959

Panonnia fue un fabricante húngaro de motocicletas de 1951 a 1976 que exportó por todo el mundo. El primer modelo en 1954 reemplazó al 250s Csepel. Se trataban de motocicletas de poco peso y asiento doble como equipamiento de serie. En Hungría era difícil comprar un vehículo en aquellos años. Así que el astillero Vack Hajogyar fabricó sidecar y remolques para esta marca de motocicletas. El peso del sidecar no podía pasar de los 70kg. Elegantes sidecar, que se fabricaron hasta 1975 junto con la Pannonia y su símbolo claramente identificable, la nariz de cohete.

Esta moto cuenta con motor de un cilindro de 250 c.c. que otorgan 10 cv de potencia. Esta se traduce en una velocidad máxima de 105 km/h. Su consumo está estipulado en 4,5 litros y se produjeron 689.039 unidades entre todos los modelos de la marca Pannonia.

BISCUTER, UN COCHE-MOTO SIN MARCHA ATRÁS

En la exposición también podemos ver un pequeño Biscúter. Llama la atención sus reducidas dimensiones, pero no olvidemos que estamos ante un microcoche fabricado en España a mediados del siglo XX. Su origen es francés, pero Autonacional S.A. compró la licencia. Llegó al mercado sin nombre, más allá de una simple denominación Serie 100 así que se le apodó Zapatilla y BiscUter. Se movía con un motor de 197 c.c. no tenía puertas ni marcha atrás. Para aparcarlo bastaba con levantar, en peso, la ligera trasera y recolocar el coche de la manera más oportuna. Desarrollaba 8 cv y tenía transmisión solo a la rueda delantera derecha. Tuvo una vida corta pero disfrutó de mejoras como la marcha atrás o el arranque eléctrico. Hoy son pieza de museo, una auténtica curiosidad de una marca que ya no existe.

Con estos vehículos ponemos fin a la primera entrega de nuestra visita a la exposición permanente de coches y motos en la Reserva Natural del Castillo de las Guardas «Caprichos del Abuelo». Nos esperan, en el próximo reportaje, un americano de la década de los 70 que ya usaba gasolina sin plomo y venía equipado con opciones que, aún hoy no montan todos los coches que surcan nuestras carreteras, en el siglo XXI. Junto a un invento español, el Hispano Alemán que realizó réplicas, bajo licencia, de coches deportivos alemanes y británicos , entre otros interesantes coches, pero destacamos la historia de un precioso Opel P4 rojo de 1935. ¡No se la pierdan!

Fin primera parte.

Datos e información:

Cartelería de la exposición.

Juan Antonio Aguilera.

ARTÍCULOS PROMOCIONADOS