En busca de los restos del poeta Federico García Lorca: ¿misión imposible?

Monolito en homenaje a las miles de víctimas fusiladas en el Barranco de Víznar (Granada).

Monolito en homenaje a las miles de víctimas fusiladas en el Barranco de Víznar (Granada).

Ochenta y cuatro años después del asesinato de Federico García Lorca sus restos siguen sin aparecer, a pesar de las investigaciones exhaustivas de los especialistas. Tras varios intentos fallidos por encontrar la fosa, lo único que se sabe con certeza es que fue ejecutado entre Víznar y Alfacar, en Granada

En la carretera que une los pueblos de Víznar y Alfacar, a unos 9 kilómetros de Granada, en un monolito que hay en la curva del siniestro Barranco de Víznar se lee: “Lorca eran todos”. Es una frase rotunda y cargada de razón. Y es que el asesinato de Federico García Lorca, probablemente la víctima más célebre y simbólica de la Guerra Civil española (1936-1939), fue uno más de entre los miles que ocurrieron en este paraje, escenario de ejecuciones y torturas perpetradas por los partidarios de la rebelión militar de Franco contra el Gobierno de España surgido de las elecciones de febrero de 1936.

Señalamiento como Lugar de Memoria Histórica de Andalucía en la carretera de Víznar a Alfacar, donde fue asesinado Federico García Lorca.
Señalamiento como Lugar de Memoria Histórica de Andalucía en la carretera de Víznar a Alfacar, donde fue asesinado Federico García Lorca.

Como ocurrió con centenares de sus paisanos, Lorca fue asesinado sin juicio ni defensa legal alguna en las primeras semanas de rebelión militar, en las que los sublevados trataban de dominar a la población civil mediante el terrorismo de guerra. Las nuevas autoridades impuestas en Granada pronto comenzaron a darse cuenta de la repercusión mundial del crimen, no habían contado con la fama internacional que tenía el poeta granadino en vida. Aquí comienza el intento por ocultar y confundir, uno de los factores que han propiciado que, a día de hoy, aún no se conozca el paradero de sus restos.

La primera pista sobre Víznar

El primero en investigar lo ocurrido con Federico García Lorca, a finales de los años cuarenta, fue el hispanista británico Gerald Brenan. En su libro The Face Of Spain (traducido como La faz de España), Brenan señala el nombre clave en la detención del poeta (Ramón Ruiz Alonso) y ofrece la primera pista sobre Víznar como escenario del crimen después de conseguir sacarle esta información al vigilante del cementerio de Granada.

Acequia andalusí de Aynadamar, bajo la carretera por la que condujeron a Lorca para su ejecución el 17 de agosto de 1936.
Acequia andalusí de Aynadamar, bajo la carretera por la que condujeron a Lorca para su ejecución el 17 de agosto de 1936.

Después vendrían las investigaciones de Claude Couffon, Agustín Penón, Marcelle Auclair y el monumental trabajo del hispanista irlandés Ian Gibson, que durante décadas se ha considerado como el trabajo definitivo que incluso delimitaba el lugar prácticamente exacto del enterramiento de Lorca.

Maniobras de confusión

En Granada se había impuesto el silencio oficial sobre lo ocurrido con García Lorca y el franquismo se afanó desde el principio en borrar las huellas de la represión que había ejercido contra la población. Se sabe que desde las altas esferas del Gobierno de Franco se ordenó averiguar qué ocurrió en Granada con el poeta, y se fabricaron teorías peregrinas que, dada la nefasta imagen internacional que el asesinato de Lorca le daba a la dictadura, buscaban ocultar la verdadera motivación del crimen, que no fue otra que la limpieza política.

La investigación de Gerald Brenan puso en guardia a la propaganda del franquismo, que en los años cincuenta tuvo como aliado al investigador francés Jean-Louis Schonberg, cuya teoría, ampliamente difundida por la dictadura, apuntaba a que el asesinato de Lorca se debió a rencillas entre homosexuales de Granada.

Esta tesis de la homosexualidad como móvil del asesinato, una infame maniobra de confusión, también fue difundida por Roy Campbell, un escritor ultracatólico de origen sudafricano, establecido en Toledo desde 1933 y defensor de la causa franquista.

La investigación de Falange

En 1983, ya en democracia y en pleno proceso de recuperación de la figura del poeta de Fuente Vaqueros, se publica póstumamente el libro Los últimos días de García Lorca. Su autor, Eduardo Molina Fajardo, fue un periodista falangista, director del diario Patria en Granada, que había estado entrevistando desde los años sesenta a personas -en teoría- dispuestas a contarle a un miembro de Falange información privilegiada sobre las últimas horas de vida del poeta.

El libro señala con detalle el posible lugar de enterramiento, diferente, aunque cercano, al señalado por Ian Gibson. También menciona los nombres de quienes estuvieron vigilando el lugar donde estuvo Lorca retenido antes de ser fusilado e incluso los nombres de los componentes del piquete de ejecución. Esta publicación fue en 1983 un fenómeno editorial (se agotó inmediatamente), del que se ha dicho que fue escrito para dejar claro que la Falange de Granada no tuvo nada que ver con el asesinato del poeta.

La familia Lorca no quiere buscar los restos

La familia García Lorca se ha negado siempre a que se exhumen sus restos. En 2003, cuando los familiares de las personas supuestamente ejecutadas y enterradas junto al poeta solicitan localizar los restos, los sobrinos del poeta emitieron un comunicado en el se oponen a la exhumación y abogan por respetar el lugar original de enterramiento. Según señalaban, “desvirtuar el lugar de la memora pública exhumando los cadáveres puede llevar a que por ahí se abra una puerta al olvido definitivo”.

Federico García Lorca.
Federico García Lorca.

Esta postura es otro de los factores que convierten la búsqueda de los restos del poeta en casi una misión imposible. Además, en Granada siempre han circulado rumores sobre un supuesto ofrecimiento de las autoridades franquistas a la familia Lorca para recuperar el cuerpo y enterrarlo en un lugar sólo conocido por ellos.

Tres intentos fallidos

La aprobación de la Ley de Memoria Histórica en diciembre de 2007 aceleró el proceso para intentar buscar los restos del poeta, sin que hasta el momento se hayan podido encontrar.

· 2009. Primer intento, con un presupuesto de 70.000 euros sufragado por la Junta de Andalucía. La búsqueda, con una expectación mediática mundial, se centra en el lugar señalado por Ian Gibson, donde se ubica actualmente el Parque Federico García Lorca. No se hallaron restos humanos.

· 2014. Un nuevo intento, mucho más discreto en presupuesto (15.000 euros) y alejado del espectáculo mediático de 2009, se centra en el lugar señalado por el libro del falangista Eduardo Molina Fajardo: el paraje conocido como el Peñón del Colorado, a un kilómetro del lugar señalado por Gibson. El resultado, de nuevo, fue negativo.

· 2016. Después de que la Junta informara de que no es necesario su permiso para trabajos privados de localización de víctimas del franquismo (sí para tareas de exhumación), una asociación privada, con fondos propios (36.000 euros), reanuda los trabajos en el mismo paraje que 2014. El resultado, de nuevo, fue negativo. Sin embargo, esta vez los investigadores determinaron que podrían haber encontrado el lugar de enterramiento y que el poeta hubiera sido exhumado, pese a no encontrar ni huesos ni ropas.

Estos días se celebra el homenaje anual que la Diputación de Granada realiza en el aniversario del asesinato del poeta en el Parque Federico García Lorca, el lugar que había señalado Ian Gibson. Este año, el aforo es reducido a causa de la crisis del coronavirus. Ni siquiera en la fecha de la ejecución hay certeza (17, 18 o 19 de agosto), y a lo largo de los años se ha celebrado el homenaje en alguno de esos días.

Son 84 años de rumores, intoxicaciones informativas deliberadas, investigaciones en circunstancias nada fáciles, negativas de la familia… Quizá nunca se sepa dónde mataron a Federico García Lorca, ni dónde lo enterraron.

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