¿Está tu hijo enganchado al Fortnite? Estos son los motivos y sus posibles consecuencias

Menor jugando al Fortnite
@AhoraNoticiasEs

Mientras el nuevo fenómeno gamer se extiende, la Organización Mundial de la Salud ya considera una enfermedad la adicción a los videojuegos, aunque no entrará en vigor hasta 2022. El juego de moda es el Fortnite, que tiene una base de jugadores activos de más de 150 millones y la compañía Epic Games puede alcanzar unas ganancias anuales de 3.000 millones de dólares.

Si en el verano de 2016 saltaba la fiebre por el Pokemon Go, desde hace unos años la conversación de nuestros adolescentes gira en torno a otro videojuego: el Fortnite (palabra inglesa que traducida al castellano significa fuerte o fuerte nocturno, haciendo referencia a la construcción defensiva).

Se trata de un videojuego del año 2017 desarrollado por la empresa Epic Games, lanzado como diferentes paquetes de software que presentan varios modos de juego, pero que comparten el mismo motor general de juego y las mecánicas.

Los modos de juego incluyen Fortnite Battle Royale, un juego gratuito donde hasta cien jugadores luchan en una isla, en espacios cada vez más pequeños debido a la tormenta, para ser la última persona en pie, y Fortnite: Salvar el mundo, un juego cooperativo de hasta cuatro jugadores que consiste en luchar contra carcasas, criaturas parecidas a zombis, utilizando objetos y fortificaciones. El Modo Creativo es aquel en el cual el jugador puede construir su propia isla con amigos de la forma en la que ellos deseen.

Pero la explosión de este juego también está provocando quejas de los padres y problemas derivados en los colegios. Una de las consecuencias de la pandemia provocada por el coronavirus ha sido que nuestros menores han pasado más horas delante de ordenadores, tablets y móviles. Una batalla perdida para todos esos progenitores que han intentado en balde que sus hijos no se “engancharan” a las pantallas.

Fortnite‘ es un juego que consiste en un mapa donde los jugadores intentan que los demás mueran antes que ellos. Pero no es un juego propiamente violento. En parte gracias a sus bailes divertidos (el futbolista Griezzman suele celebrar sus goles con uno de ellos conocido como Take the L) colores llamativos y personajes que recuerdan a los dibujos animados. Ese es uno de sus principales motivos para su adicción.

Otro motivo es que el ritmo del juego es rápido y trepidante, lo que obliga a que los jugadores tengan que estar muy atentos. Este tipo de dinámicas genera toda una serie de sustancias naturales en el cerebro de los jugadores (dopamina), que hacen que el adolescente siga con ganas de continuar jugando.

Además, cada vez el videojuego incorpora vestimenta y armas nuevas, así como objetos o cambios en el mismo terreno de juego para que la novedad sea un reclamo a participar. Es decir, cada partida es una aventura nueva. Y lo que también es muy peligros: hace uso de dinero, que en el ámbito virtual se llaman “pavos”, pero que se intercambian por euros o dólares. A su vez, la autoestima del niño o adolescente queda en manos de su habilidad para deshacerse de sus contrincantes y ocupar un lugar de privilegio ante sus iguales contra los que compite.

Además, los torneos y batallas en compañía de tus amigos suelen ser planes muy gratificantes pero rodeado de varios peligros: precio de los campeonatos, duración de los mismos e incluso horarios. R. A., de sólo 13 años, es participante habitual, y señala que al haber competidores de varios lugares del mundo, puede haber partidas que se organizan a las 5 de la mañana de España, las 8 de la tarde en Los Ángeles.

Por tanto, ¿cuáles pueden ser las consecuencias de todos estos factores? Los psicólogos señalan varias:

– Cambios de humor y de personalidad

– Trastornos del sueño

– Ansiedad, depresión y conducta violenta

– Pérdida de salud social

– Evasión de responsabilidades

¿Qué podemos hacer ante este problema?

Existen varias Guías para Padres que dan consejos para desarrollar un afrontamiento positivo y prevención de riesgos con relación a este videojuego. Es importante destacar que no se trata de prohibirlo, sino de establecer límites claros para su uso por parte de los adolescentes y jóvenes. El problema lo encontramos cuando hay un abuso.

En el supuesto de que tu hijo o hija esté jugando, es importante saber cuántas horas dedica y también en qué grado está implicado. Es importante transmitirle nuestra preocupación y hacerle consciente del problema si dedica demasiado de su tiempo a esta actividad.

Los especialistas coinciden en que es importante limitar el tiempo de juego a como máximo una hora seguida. E intentar que no jueguen entre semana, puesto que puede ser una interferencia directa con los deberes y los estudios.

Ante una posible respuesta de enfado o amenazas por parte de nuestros hijos, lo importante es mantener la firmeza teniendo muy claro que poniendo límites también estamos educando a nuestros menores, y que los padres mantengan un criterio único. Es una manera de enseñarlos que las normas y las limitaciones son positivas porque nos ayudan a tener un mayor auto-control y una mayor tolerancia a la frustración.

Otro consejo muy eficaz es reforzar positivamente cualquier conducta diferente a la de jugar o incompatible con ésta, para así también hacer aumentar la autoestima del menor, u efecto que también le provoca el propio videojuego.

Pero lo fundamental como en cualquier otra adicción, es consultar con un profesional, que cada vez más formados en este tipo de adicciones que están a la orden del día.