Fibromialgia en tiempos de pandemia

Fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad que afecta al 3-4% de la población española y en el que la incidencia de la mujer con respecto al hombre es muy clara (20:1).

Ya son casi 9 meses desde el inicio de las restricciones de movilidad y el cambio a esta “nueva normalidad” y desgraciadamente son muchos miles de personas que nos han dejado, victimas de este terrible virus. En las noticias se habla a diario de número de personas fallecidas, nuevos contagios, ingresos en UCI, saturación y colapso de servicios médicos, etc.

Es cierto que todo esto es viva actualidad pero no lo es menos que aún con esta pandemia la vida sigue y son muchas personas que vivían antes de la pandemia con enfermedades y con problemáticas de diferentes tipos. Y muchas de ellas algo olvidadas….

El tema que nos ocupa en el artículo presente versa sobre una de ellas: la Fibromialgia.

La fibromialgia es una enfermedad que afecta al 3-4% de la población española y en el que la incidencia de la mujer con respecto al hombre es muy clara (20:1).

Fibromialgia es un diagnóstico o si lo queremos decir así, una etiqueta algo confusa y controvertida, ya no sólo para el profesional sanitario sino también para la población en general, pero para el “padeciente” supone un estado real, objetivo e incuestionable de invalidez,  y a esto, por si fuera poco, se une la desesperanza y la incomprensión social que hacen de este trastorno un sufrimiento continuo.

Ya hace muchos años que este constructo médico apareció en la vida de muchos pacientes y a lo largo de los años los métodos diagnósticos han ido cambiando, y con esto también la forma de entender al paciente y de abordar la enfermedad.

En el año 2010 la Asociación Americana de Reumatología propuso unos nuevos criterios diagnósticos que evaluaban al paciente en función del número de regiones dolorosas (Widespread Pain Index, WPI) y de una escala que valoraba síntomas como son la fatiga, el sueño no reparador y trastornos cognitivos (Symptom Severity Score, SS).

En algunos estudios se hablan de hasta 40 síntomas y de enfermedades que suceden en y con la fibromialgia entre los que destaca el dolor crónico variable en localización e intensidad, contracturas musculares, cansancio prolongado, falta de movimiento y funcionalidad, hipersensibilidad sensorial (auditiva, en la piel…), alteraciones de la atención, estado de ánimo cambiante, ansiedad, depresión…

Esto supone un verdadero reto para el profesional sanitario: médico, fisioterapeuta, psicólogo, etc y nos hace preguntarnos una serie de cuestiones:

  • ¿Debemos de atender cada síntoma específico de la fibromialgia de forma independiente?
  • ¿Ponemos a cada profesional sanitario al servicio, control y “anulación” de cada síntoma?
  • ¿Son todos los síntomas que tiene el paciente con fibromialgia propios de su enfermedad?
  • ¿Hasta que punto el profesional sanitario no atendiendo a la persona y solamente al síntoma está creando un paciente más crónico y dependiente más de cuidados?

Y si todo lo que “rodea” a la fibromialgia no tuviera suficiente complejidad, se suma la Covid-19 y lo que viene con ella, sobre todo en lo referente a las diferentes medidas político-sanitarias de distanciamiento, aislamiento social y de cierre de municipios y la interrupción de distintas actividades, todo ello para frenar la propagación del virus.

Es verdad que a no todas las personas esta situación les ha afectado por igual, pero parece claro que a colectivos vulnerables como el de las personas con fibromialgia si que ha tenido sus repercusiones. Esto es así, debido a la agravación de gran variedad de síntomas debidos al estrés emocional y al sedentarismo que la situación ha provocado.

A través de distintas encuestas, distintos estudios han llegado a la conclusión de que en torno al 60-70% de los pacientes con dolor crónico y fibromialgia han empeorado su situación sobre todo en relación a la intensidad de dolor y a la interferencia del mismo en distintos aspectos, sobre todo en las relacionadas con el movimiento.

Entre los hallazgos más significativos de estos estudios se asocia el sexo femenino, la menor educación, la propia fibromialgia y una mayor catastrofización del dolor como factores determinantes que agravan el dolor y la incapacidad consecuente.

Sin duda los porcentajes anteriormente descritos del 60-70% son aplastantes, pero hay algo llamativo en estas cifras.

No se habla aquí de que la enfermedad no sea real sino de la percepción del paciente con fibromialgia de su propia situación.

En ese sentido, la evolución del componente emocional y del componente físico no parece que haya sido tan negativa entre la situación previa y post-confinamiento.

¿Donde está la diferencia entre ambos datos: empeoramiento subjetivo y situación real?

Parece que el factor que marca la diferencia está en el afrontamiento pasivo que adopta la persona con dolor crónico. Y es precisamente aquí donde los profesionales y los propios pacientes debemos unir nuestras sinergias: en conseguir una actitud de afrontamiento activo en la enfermedad.

Afrontamiento pasivo y catastrofizacion del dolor van de la mano frecuentemente y son, en definitiva, una mala adaptación a una situación determinada y responsables de esa sensación subjetiva de empeoramiento.

Para entender mejor que es la Fibromialgia y como podemos entre todos (pacientes y terapeutas) abordarla, debemos decir que se trata de un síndrome en el que existe una amplificación de la señal dentro del sistema nervioso. Se clasifica como un Síndrome de Sensibilización Central.

El síndrome de fatiga crónica, el colon irritable, la migraña, la sensibilidad química múltiple están también bajo esta clasificación.

Existe mucha investigación en relación al tratamiento de la fibromialgia pero parece que las medidas no farmacológicas son las más eficaces, a parte de tener menos efectos secundarios y una mayor aceptación de la terapia por parte del paciente.

Entre estas medidas están los diferentes tratamientos cognitivo-conductuales, el ejercicio físico y la educación en dolor, todas ellas desde el enfoque de la medicina psicosomática.

La fisioterapia tiene mucho que aportar al paciente con fibromialgia; está avalada por la cantidad de procedimientos terapéuticos contrastados por múltiples investigaciones científicas. Por citar algunas de ellas: terapia sacro-craneal, técnicas mio-fasciales, acupuntura, hidroterapia,etc.

Pero en lo que más se ha avanzado y se está trabajando en la actualidad es precisamente en la practica de ejercicio terapéutico, proponiendo al paciente una progresión gradual en cuanto al nivel de actividad y complejidad de la misma. Esto sin duda repercutirá en la funcionalidad de la persona y en la realización de tareas antes impensables para el propio paciente. Para ello es fundamental un seguimiento por parte del fisioterapeuta y el compromiso claro del paciente en ello. Paciencia y persistencia son palabras claves para tener éxito en este sentido.

Dado los nuevos enfoques de la enfermedad, se hace fundamental también una educación del paciente con fibromialgia en neurofisiología del dolor, esto supone un avance fundamental en el tratamiento porque los conceptos que tenga la persona sobre el dolor, el movimiento y su funcionalidad son en la mayoría de las veces construcciones erróneas de su mente y que sin duda lo merman claramente.

En definitiva se trata de poner a la persona en el centro de la terapia, como parte activa del proceso de recuperación y hacerla más resiliente: más resistente y capaz para sobrellevar su enfermedad en estos momentos tan difíciles y más por la actual pandemia.

….y no perder la esperanza.

“La esperanza no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte”.

                                                                                                          Vaclav Havel

Enrique Díaz Sánchez

Fisioterapeuta col nº 95

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