Hartura de Covid

Hartura de Covid

Cantaba la gran Martirio en sus “Sevillanas de los bloques”:

 

¡Estoy ataca’, estoy ataca’!
Estoy ataca’, mal palo en las costillas, a ti te den, riapitá
Mira que estoy ataca’
Por los traguitos que tú me haces de pasar

Coge’ la puerta, estoy na’ más deseandito, riapitá
Mira de coge’ la puerta
Y al salir, ¡salir corriendo como las locas!

Estoy mala de los nervios, ¡estoy mala de los nervios!
¡Ay, qué hartura, Dios mío, riapitá
Mira que me voy a la calle a pegar chilli’os

 

Lo que no sabía Martirio era que estaba profetizando el sentimiento de muchos y muchas ante la situación que estamos viviendo. Estamos atacados y estamos deseando coger la puerta, y, algunos, hasta salir a pegar chillidos. Y ese sentimiento tiene un nombre, “fatiga pandémica”.

La Organización Mundial de la Salud describe la “fatiga pandémica” como “la desmotivación para seguir las conductas de protección recomendadas que aparece de forma gradual en el tiempo y que está afectada por diversas emociones, experiencias y percepciones, así como por el contexto social, cultural, estructural y legislativo”. Es decir, estamos cansados, unos más y unos menos, en función de quienes seamos y donde vivamos. No es lo mismo vivir en una finca de 2000 hectáreas en la que se puede pasear cada tarde a caballo que compartir un piso de 40 metros con tu pareja, tus 2 hijos, el perro y un periquito. Tampoco es lo mismo ser optimista por naturaleza o vivir la vida viendo constantemente el lado negro de las cosas.  Y ojo, que se puede ser muy desgraciado sobre un pura sangre, porque aunque el dinero calme los nervios no es sinónimo de felicidad.

La “fatiga pandémica” ha propiciado la aparición de diversas teorías conspiranoicas, desde los laboratorios secretos en China desde los que el virus escapó hasta la conspiración judeomasónica por la que nos van a implantar un chip para controlarnos. También ha propiciado la aparición de remedios variados para detectar y curar el virus. Uno de los medios para ver si estabas contagiado más sonado fue el de “aguantar la respiración durante un minuto” y otro de los remedios curativos más extendidos también fue el de “beber agua muy caliente”, que mataba el virus en garganta y estómago. Esta última solución no se difundió más porque, sin duda, Pfizer y AstraZeneca hablaron con Whatsapp para frenar la cadena y así poder vender sus vacunas (esto me lo acabo de inventar, pero miren qué fácil es decir la primera chorrada que se nos pase por la cabeza).

¿Y qué podemos hacer? Recurramos al abecedario.

  • Asumir que no podemos cambiar las cosas, pero sí podemos aceptarlas y sobrellevarlas de la mejor manera posible.
  • Buscar apoyo, en la familia, en los amigos y, si es necesario, recurrir a ayuda profesional.
  • Controlar la información, limitando su consumo, frenando las cadenas de bulos y acudiendo a fuentes autorizadas.
  • Dormir y descansar lo suficiente. Si no puedes dormir, ve al médico.
  • Evitar estresarte, cuando detectes una potencial fuente de estrés evítala.
  • Frenar el consumo de excitantes como cafeína o teína.
  • Gestionar tu tiempo de trabajo para poder disfrutar de tiempo de ocio.
  • Hacer ejercicio.
  • Ignorar a los que no te aportan.
  • Jugar.
  • Keep calm & espera. También esto pasará.
  • Limpiar tu casa, tus armarios, el trastero, tus grupos de whatsapp, tus amigos de Facebook. Reorganizar tu espacio.
  • Meditar.
  • Nada. Dedicar unos minutos al día a no hacer nada. Es una de las cosas más complejas de hacer y de las más relajantes.
  • Orar, si procede.
  • Pasear, es una de las opciones para hacer ejercicio más sencillas de practicar y que menos parafernalia requiere.
  • Quitar la televisión y leer un libro.
  • Reir y sonreir más.
  • Soñar. Hay un mañana en el que no llevamos mascarilla.
  • Trabajar sin miedo.
  • Unirte a los que realmente merecen la pena.
  • Valorar estar vivos y sanos.
  • Yoga, por ejemplo.
  • Zanjar tus miedos e inquietudes. La realidad, al final, nunca es tan espantosa como podemos imaginar cuando el estrés nos invade.

No es lo que pasa, es cómo te tomas lo que pasa.

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