Lágrimas sobre caoba y plata: así es la restauración del trono de la Virgen de las Angustias

Lágrimas sobre caoba y plata: así es la restauración del trono de la Virgen de las Angustias

Dos ángeles plañideros acompañan a la Virgen de las Angustias cuando procesiona el Miércoles Santo con la Hermandad de la Buena Muerte en la capital jiennense.

Es la única cofradía de la Semana Santa de Jaén cuyos tronos son transportados con varales a la manera malagueña. El de la Virgen es obra de Francisco Palma Burgos y acaba de ser restaurado.

La iniciativa de la Real Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Cristo Descendido de la Cruz y Nuestra señora de las Angustias ha contado con el apoyo de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, que ha puesto el foco sobre el valor cultural del arte sacro con sus políticas públicas. Dos convocatorias de ayudas para la conservación, restauración e inventario de bienes muebles del patrimonio histórico de carácter religioso se han sumado a una tercera para la reactivación de actos culturales promovidos por agrupaciones, consejos, federaciones y uniones de hermandades. Hasta la fecha, estas políticas han permitido destinar al sector cofrade cerca de 400.000 euros en la provincia de Jaén, 6,3 millones en Andalucía.

La Virgen de las Angustias, acompañada por dos ángeles plañideros, sobre su trono.

La Virgen de las Angustias, acompañada por dos ángeles plañideros, sobre su trono.

Fue al finalizar la década de los cuarenta del siglo XX cuando el escultor malagueño recibió el encargo de la hermandad jiennense. Acababa de afincarse en la provincia de Jaén para trabajar, primero en el templo de Santa Marina de Andújar, ya sin culto, y después en el que sería su taller ubetense durante diez años en la Iglesia de Santo Domingo. Tras esta etapa llegó su exitoso periplo por tierras italianas donde se había formado ya en su juventud y acabó destacando en la pintura. Nacido en Málaga en 1918, Palma Burgos tomó el testigo de su padre, escultor antequerano, para convertirse en una de las figuras más destacadas del arte imaginero, continuador en el siglo XX de la tradición escultórica malagueña, que se remonta a la época de Pedro de Mena.

El nuevo trono de la Virgen de las Angustias, titular de la hermandad jiennense de la Buena Muerte, vendría a sustituir el anterior, aclamada obra diseñada por el escultor Jacinto Higueras y realizada en el taller de ebanistería de Jacinto Cruz junto con los alumnos de la Escuela de Arte José Nogué, José Castillo, Ezequiel Sánchez y Rafael Baldoy. Tras una polémica entre Cruz y los alumnos por la atribución de su autoría a raíz de una publicación en prensa, las disputas quedaron zanjadas por el entonces director de la hoy centenaria Escuela, José Nogué Massó. Sin embargo, la Cofradía consideraba que la estética fúnebre de aquel trono nunca había llegado a integrarse con la talla de la Virgen, trabajo atribuido a los granadinos José y Diego de Mora, procedente del antiguo convento de San José de carmelitas descalzos.

 

Detalle del trono de la Virgen de las Angustias de Jaén dañado antes de la restauración.

Detalle del trono de la Virgen de las Angustias de Jaén dañado antes de la restauración.

Palma Burgos concibió el nuevo trono con una estructura tronco piramidal en madera de caoba cubierta de láminas de plata. De estilo neobarroco español, costó 150.000 pesetas de entonces sufragadas por la hermandad. Consta de tres cuerpos diferenciados, todos decorados con motivos vegetales. El primero es el más voluminoso y cuenta con molduras convexas; el segundo -la peana intermedia que sostiene la imagen- es de planta rectangular, tallada en bajorrelieve; el tercero es una moldura de menor tamaño que actúa como respaldo. Destacan las pinturas, una de ellas de Cristo en el medallón central a cuya derecha figura una inscripción manuscrita del autor que dedica su obra «piadosamente» a la Virgen de las Angustias.

En 1980, la obra fue modificada para colocar varales y en 1988 se le incorporaron cantoneras. La última restauración está documentada entre 1999 y 2001 y la más relevante antes de la actual es de 1978, obra del granadino Antonio Barbero.

Francisco Palma Burgos dedica "padosamente" a la Virgen de las Angustias el trono.

Francisco Palma Burgos dedica «piadosamente» a la Virgen de las Angustias el trono.

Según recoge el autor del presente estudio, proyecto y obra de restauración, Néstor Prieto, el trabajo ha tenido por objeto devolver la estabilidad al trono para contribuir a su permanencia en el tiempo, además de sensibilizar a la ciudadanía de la importancia de conservar el patrimonio cultural religioso cofrade. Bajo el principio de la intervención mínima y renuncia a toda actividad creadora por respeto al autor, la restauración ha constado de un tratamiento del soporte consistente en limpieza, consolidación e intervenciones preventivas y curativas contra insectos xilófagos. La capa de preparación y plata se ha abordado a base de trabajos de fijación y limpieza físico-mecánica para después proceder a la reintegración volumétrica del soporte, el estucado y al nivelado de lagunas, así como a la restauración cromática y aplicación de una capa de protección. Por último, se han propuesto labores de mantenimiento para seguir conservando el bien para generaciones venideras.

El trono forma parte del profuso legado de Palma Burgos en la provincia de Jaén, que se extiende también por Málaga y el resto de Andalucía, además de Madrid e Italia. Su carrera artística acabó en 1985 atendiendo un último encargo, el Jesús del Santo Suplicio, de la Cofradía de Zamarrilla, que curiosamente también había sido protagonista de su primer trabajo. Al fallecer su padre cuando aún era muy joven y quedar al frente de su taller asumió la responsabilidad de terminar el Cristo de los Milagros de esta hermandad en 1938. «Con Zamarrilla empecé a mis 20 años y con Zamarrilla termino», dejó dicho Palma Burgos cuatro meses antes de su desaparición en Úbeda.

Imagen de Cristo, obra de Palma Burgos, en el medallón central del trono, obra de Palma Burgos.

Imagen de Cristo, obra de Palma Burgos, en el medallón central del trono, obra de Palma Burgos.

Los ángeles plañideros que acompañan a la Virgen en el trono son obra de Raimundo Amadeo y datan de entre 1745 y 1821. Tienen sede en la Catedral donde también se pueden visitar las tres imágenes titulares de la Cofradía de la Buena Muerte. Cuenta una infundada leyenda que los esculpió un misterioso y triste hombre tras ser secuestrados su mujer e hijos gemelos que habían nacido en África donde había sido prisionero. Aquel hombre huyó al no poder soportar ver sufrir a los ángeles por recordar con ello la cara de pena de sus hijos cuando se los llevaron.

Un detalle de la pieza restaurada.

Un detalle de la pieza restaurada.

Los hechos, según relata Néstor Prieto, apuntan a otra historia completamente distinta. Los ángeles formaban parte de un conjunto con la Virgen de la Consolación y Correa donado a la Catedral por un antiguo canónigo de origen catalán en 1827, Lluís Xavier de Garma y Pérez-Moreno, el mismo que cuando llegaron los franceses a Jaén en 1810 había encargado al pintor Manuel de las Cuevas falsificar la venerada reliquia del Santo Rostro para ponerla a salvo. En su testamento quiso que la Virgen de la Consolación tuviera un retablo propio y fue así cómo los ángeles pasaron a formar parte del misterio de la Virgen de las Angustias, titular de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte desde 1926. Juntos completarán su estación de penitencia sobre un trono que ha recuperado su belleza original.

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