Mal año para el campo en Andalucía debido a los bajos precios, las barreras comerciales y la sequía

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Últimas noticias en Andalucía. La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Andalucía ha presentado el Balance Agrario referente a 2019, donde la falta de precios justos en casi todos los sectores, es el principal problema, causando graves desequilibrios en la cadena alimentaria y serios problemas de rentabilidad para las pequeñas y medianas explotaciones, que no logran cubrir ni los costes de producción.

Los agricultores y ganaderos se perpetúan como el eslabón más débil de la cadena alimentaria, frente al sector transformador, distribuidor y comercializador, muy concentrado y con gran poder de decisión sobre precios, ejerciendo movimientos especulativos a su favor, que se saltan las normas de la oferta y la demanda y, por supuesto, de la justicia y el equilibrio entre todos los agentes implicados. Además, aplican prácticas comerciales desleales como la venta a pérdidas, o el uso de alimentos de primera necesidad como productos reclamo en los lineales de venta.

A esos desequilibrios se añaden nuevas trabas como la incertidumbre del Brexit. También los perjuicios provocados por la imposición de aranceles desde EEUU a producciones tan importantes como el aceite de oliva, la aceituna de mesa y el vino, fruto de guerras comerciales entre otros sectores que utilizan la agricultura como moneda de cambio. Y se cierran nuevos acuerdos bilaterales desde la UE, con terceros países que incumplen la normativa deslealmente, como es el caso del principio de acuerdo con Mercosur, haciendo peligrar aún más la rentabilidad de nuestras producciones.

Otro asunto que ha condicionado de manera determinante la agricultura y ganadería durante todo el año 2019, ha sido la meteorología. Hemos padecido un año hidrológico marcado por temperaturas más altas de lo habitual y lluvias muy escasas y mal repartidas.

La sequía ha tenido graves efectos en Andalucía, donde varios cultivos como el cereal de secano, el olivar de secano, el viñedo y el algodón han tenido mermas muy importantes. La ausencia de pastos para alimentar al ganado ha afectado al incremento de los gastos en alimentación para las explotaciones ganaderas. La apicultura tampoco ha tenido un buen año en producción de polen y miel, tras una primavera muy seca.

Paradójicamente, se han dado temporales de lluvias torrenciales que provocaron inundaciones, e incluso tornados, en varias comarcas andaluzas, con los consecuentes daños para las producciones y las infraestructuras agrarias. Todos estos fenómenos adversos dejan patente para UPA Andalucía que han dejado de ser sucesos meteorológicos cíclicos, para convertirse en consecuencias directas del cambio climático, cada vez más frecuentes. Frente a este escenario es preciso que las administraciones públicas adopten cambios legislativos y medidas que prevengan y palien sus efectos.

Desgraciadamente, una conjunción de menor producción en algunos casos, y bajos precios generalizados en origen, ha marcado condiciones muy negativas para los sectores de las frutas y hortalizas, los cítricos, el vino o el arroz, entre otros. Pero, teniendo en cuenta todos los factores que influyen, podemos afirmar que el sector más vilipendiado durante la pasada campaña ha sido el del olivar: a la reducción de la producción del 30% se une una grave crisis de precios bajos injustificada, originada por los movimientos especulativos de la gran distribución, generando grandes desigualdades en la cadena de valor y pérdidas de 1.500 millones de euros. También se añaden más barreras comerciales por los aranceles estadounidenses, y la indignante e infructuosa gestión que la Comisión Europea está haciendo con las licitaciones para autorizar el almacenamiento privado de aceite de oliva.

Otro sector muy castigado ha sido el de la ganadería que, al problema de los bajos precios que perciben por su producción, se ha sumado la sequía: al no haber pastos para su ganado en los campos y dehesas, los ganaderos se han visto obligados a aumentar sus costes de producción en forrajes y piensos (que, al haber tenido poca producción por la ausencia de lluvias, han sido inusualmente caros y de peor calidad).

Hay que señalar que 2019 comenzó para Andalucía con nuevo Gobierno en la Junta. En particular, desde UPA Andalucía valoran la buena disposición de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, para resolver las muchas de las problemáticas con las que lidia el campo andaluz. No obstante, tras un año de legislatura, necesitamos que muchos de los compromisos que ha adquirido con agricultores y ganaderos se doten del presupuesto necesario y se pongan en marcha: ayudas a la incorporación de jóvenes, impulso al Registro de la Titularidad Compartida, ayudas para terrenos forestales, ayudas para explotaciones ganaderas afectadas por la sequía, etc. También es necesario retomar la Ley de Agricultura y Ganadería de Andalucía y promover un convenio general del campo para nuestra comunidad autónoma.

La renta agraria, según el Ministerio de Agricultura, tras el crecimiento de los últimos años, registra datos negativos, bajando un 8,6% con respecto a 2018. El valor de la producción de la rama de actividad agraria se reduce un 3%, debido a la caída de los precios en origen y a la subida de los costes de producción. Desde UPA Andalucía, consideran que la realidad del sector agrario es mucho peor de lo que reflejan estas cifras. El contexto real es que sigue dándose una falta de equilibrio entre los cuatro factores que componen la renta agraria: volumen de las producciones, precios de venta, costes de producción y ayudas.

En lo que a la PAC se refiere, el ejercicio se ha cerrado con una buena labor en la gestión de las Ayudas Directas por parte de la Consejería; sin embargo, no ha sido así en cuanto a las ayudas al Desarrollo Rural, que ha sido deficiente. Desde UPA Andalucía seguirán defendiendo una reforma de la PAC con un presupuesto fuerte, y que defienda a los pequeños y medianos agricultores y ganaderos que mantienen y vertebran el medio rural. Es esencial que se haga un reparto más justo y más social de estas ayudas, confiriendo mayor protagonismo y facilidades a la incorporación de los jóvenes a la actividad agraria, y a la titularidad y reconocimiento de derechos de las mujeres que trabajan en las explotaciones. También debemos luchar por la introducción de techos en las ayudas y de pagos decrecientes y redistributivos para contribuir a esa justicia.

En materia de seguros agrarios, el complicado año meteorológico que hemos padecido ha elevado la siniestralidad, lo que está haciendo a Agroseguro ajustar las primas para adecuarlas a las nuevas condiciones del cambio climático. Esto va a suponer un incremento del coste de las pólizas, en una herramienta que es esencial para agricultores y ganaderos. Por ello, desde UPA, hacen un llamamiento a las administraciones públicas para que, en el caso del MAPA, retome su papel de mediador a través de ENESA para que modere las subidas. En el caso de la Junta de Andalucía y la propia ENESA, deben llevar a cabo una política más ambiciosa de subvenciones para compensar la mayor siniestralidad y hacer más asequible la contratación de los seguros agrarios.  

A pesar de un balance tan negativo para la agricultura y ganadería andaluzas, desde la organización agraria confían en que, al tener por fin Gobierno central, se abra un nuevo escenario de estabilidad económica, institucional y social, donde se empiecen a adoptar medidas para defender la actividad agraria y nuestro medio rural, y acabar con las desigualdades en la cadena alimentaria.

AGRICULTURA

Aceite de oliva

El año 2019 ha sido un año horrible para el sector del olivar, marcado por unos precios muy bajos en comparación con la campaña anterior. Comenzamos con unos precios razonables que rondaban los 3,50 euros el kilo de aceite de oliva virgen extra, pero han ido descendiendo a lo largo del año hasta posicionarse en los 2 euros de media. Esto supone una pérdida de entre 1 y 1,5 euros de menos por kilo de aceite lo que, traducido en valores totales, significa que el sector productor ha dejado de percibir 1.500 millones de euros.

Tras la campaña anterior, que fue récord en producción de aceituna para almazara, con 1.780.000 toneladas, este año se ha visto reducida en Andalucía en un 30%, por los efectos de la sequía y la vecería. No obstante, la producción mundial se ha mantenido similar a la del año anterior, en torno a 3.150.000 toneladas. El consumo global está estabilizado y se sitúa en esa cifra, por tanto, no hay razones objetivas para justificar los bajos precios.

Esta situación solo se explica porque en nuestra región tenemos mucho aceite, pero la oferta está muy fragmentada, con muchos pequeños productores y grupos de concentración vendiendo por su cuenta. Del otro lado, hay unos pocos operadores de compra, muy fuertes, coordinados y con gran poder de decisión, que tiran el precio en origen por los suelos. Por tanto, los desequilibrios en la cadena de valor son producto de los movimientos especulativos que la industria, la distribución y la comercialización ejercen en los mercados. Además, llevan a cabo prácticas comerciales desleales, como la venta a pérdidas o el uso del producto reclamo que devalúan el producto, y también el fraude en el etiquetado.

Otro freno importante para el sector del aceite de oliva andaluz ha sido la noticia de que el Gobierno estadounidense impone unos aranceles que alcanzan hasta el 25% sobre el precio de importación del aceite de oliva español que se comercialice ya envasado, no al aceite a granel. Asimismo, cualquier país que adquiera aceite español a granel, lo envase y comercialice en EEUU, también se verá repercutido por estos impuestos. De este modo, Italia, que inicialmente quedaba exenta de las imposiciones, al ser el principal comprador de aceite de oliva de origen español a granel, también se vería gravado si lo comercializa envasado al país americano. Por tanto, este y otros países envasadores y comercializadores se verían abocados a adquirir el aceite en Túnez, Grecia, etc., con el grave perjuicio que supondría para nuestras exportaciones. Por otro lado, perderemos una gran cuota de mercado en EEUU, que es uno de los países de mayor recepción de nuestro aceite, y con mayor proyección de aumento de consumo, con un gran valor añadido.

En octubre, el sector se sintió esperanzado ante el anuncio de que la Comisión Europea autorizaba el almacenamiento privado de aceite de oliva en España, como una de las medidas que reclamaba el sector para mejorar la situación del sector. Esta consiste en retirar una cantidad importante de aceite de oliva de la circulación, para elevar su precio en origen y contrarrestar los desequilibrios que se producen con este sector en la cadena alimentaria. Pero, tras dos periodos de licitación (de los cuatro previstos), la decepción ha sido enorme pues se han establecido unos importes máximos de las ayudas insuficientes, y un número de toneladas aprobadas para su retirada ridículo. Desde UPA Andalucía consideramos que estas cifras son una tomadura de pelo, que no van a lograr el objetivo inicial de esta medida, y nos demuestran que Bruselas no valora la importancia estratégica del olivar para Andalucía y España, ni lo defiende con la vehemencia y el interés que requiere.

Ante todas las dificultades a las que el sector del aceite de oliva se enfrenta, UPA Andalucía ha encabezado desde mayo una serie de manifestaciones en Córdoba, Jaén, Sevilla y Madrid, para reivindicar precios justos y medidas legislativas que impongan equilibrio a la cadena alimentaria y en el sector del olivar. Estas concentraciones alcanzaron su mayor poder de convocatoria el pasado 10 de octubre, reuniendo en Madrid a más de 50.000 olivareros y agricultores llegados de las grandes zonas productoras de aceite en Andalucía. 

Aceituna de mesa

La campaña de verdeo ha sido corta en producción, con descensos medios del 22%, aunque en las variedades como la Manzanilla o la Gordal se ha llegado hasta el 35% y el 60% de reducción.

Desde finales de 2018, el sector de la aceituna de mesa ha sufrido un fuerte varapalo con la imposición de casi un 35% de aranceles a la aceituna negra que se exporta a EEUU, cuyas consecuencias se han visto durante el pasado año, reduciendo el volumen de negocio.

Durante 2019, nuevos aranceles también por parte de la administración Trump, se han añadido a diversos productos, entre ellos la aceituna de mesa, con hasta un 25% de tasas al igual que el aceite de oliva, por guerras comerciales del sector aeronáutico entre EEUU y Europa, que nada tienen que ver con la agricultura. Esto va a repercutir muy negativamente en el sector en este año, pues el 25% de la producción se destina al mercado norteamericano.

Al asunto de los aranceles, se une el mayor de los problemas: los precios bajos a los que se ha pagado la producción a los agricultores. Es una situación que se viene repitiendo en los últimos años en este sector, que no permite a los productores cubrir los costes de producción, por tanto, las explotaciones no son rentables, lo que empuja a muchos a destinar su aceituna a almazara, o lo que es peor, a arrancar olivos y reconvertir su explotación a otros cultivos.

Las movilizaciones llevadas a cabo en 2018 por UPA Andalucía junto al sector, consiguieron hitos para la aceituna de verdeo: que se introdujera en la agenda política, convocándose la Mesa Sectorial de la Aceituna de Mesa; el reconocimiento de las IGP para las variedades Gordal y Manzanilla de Sevilla; que se intensificaron los controles en los puestos de entrega de aceituna y se revisaran los contratos entre industria y productores; que se destinara presupuesto a la promoción, etc. A pesar de todo esto, nada ha sido suficiente para evitar que los precios de la aceituna de mesa hayan sido ruinosos en 2019, al igual que los del aceite de oliva. Este sector es, por tanto, un sector afectado también por movimientos especulativos por parte de la industria transformadora, la gran distribución y la comercialización, que mantienen grandes desequilibrios en la cadena agroalimentaria y contra las cuerdas al eslabón más débil de la cadena, el sector productor.

Frutas y hortalizas

El sector de las frutas y hortalizas, como muchos otros, ha padecido las consecuencias de la sequía, reduciendo sus producciones durante 2019, pero lo que más hay que destacar es el año tan nefasto que ha tenido con una crisis histórica de bajos precios.

Este sector ha llegado a una situación crítica y de deterioro del sistema productivo, en la que prevalecen una serie de problemas estructurales que están poniendo en peligro la actividad más relevante en términos económicos, pues supone el 37% del total de la producción agraria, y que genera la mitad del empleo en labores de producción.

Los altos costes de producción y la falta de rentabilidad por los bajos precios que reciben los agricultores, están ahogando al sector de las frutas y hortalizas en Andalucía. Y es que se sigue produciendo la práctica ilegal de “venta a resultas”, según la cual la mayoría de los agricultores no saben a cuánto les van a pagar la fruta que han entregado y que el consumidor ya ha comprado y pagado. Hay una gran parte de las centrales de compra, de los intermediarios y de la gran distribución que están detrás de estos abusos, que están profundamente arraigados y que van cada vez a más. A esta realidad hay que sumarle la ausencia de contratos entre productor y comercializador y, cuando existen con graves deficiencias en los mismos.

Otro de los principales problemas es la competencia desleal que ejercen las importaciones que nos llegan de terceros países a través de acuerdos bilaterales, con gran descontrol en los contingentes, en materia de sanidad, control de plagas, tasas arancelarias y precios. Por tanto, es necesario un incremento de las medidas de control de estas importaciones extracomunitarias para salvaguardar la buena sanidad vegetal de la producción andaluza y para asegurarnos de que se cumple el principio de reciprocidad que marca la Unión Europea, por el que las producciones importadas han de cumplir con las mismas normativas y parámetros que se exigen a los productos europeos. Estas importaciones también están siendo etiquetadas fraudulentamente por algunas empresas europeas, españolas y andaluzas que las clasifican como producción comunitaria. De hecho, el sector acumula el 20% de las denuncias por este asunto en la AICA, y es necesario controlarlo y erradicarlo.

El sector también denuncia el riesgo que hay de desaparición de algunos cultivos importantes para el litoral occidental andaluz como el tomate, al no poder competir en precios con las importaciones de terceros países, a las que se les están exigiendo menos garantías a nivel sanitario, laboral y medioambiental y, por tanto, tienen unos costes productivos menores.

Toda esta coyuntura negativa, ha llevado a UPA Andalucía a realizar, junto con el sector, varios actos reivindicativos y movilizaciones, especialmente en las provincias de Almería, Granada y Málaga, para que se articulen las medidas y controles necesarios para no abocar a una actividad tan estratégica a la extinción.

En el caso concreto del sector de los cítricos, la campaña 2018-19 concluyó con una grave crisis de precios, con una cadena alimentaria que permite abusos al consumidor y a los productores. Todos los eslabones ganaron dinero excepto los agricultores, los cuales percibían precios ruinosos que no cubrían los costes de producción.

La presencia de cítricos en los mercados europeos procedentes de terceros países estuvieron muy por encima de los contingentes establecidos y entraban sin control a la UE, además de no respetarse los calendarios de entrada, lo que provocó el hundimiento de los precios y el oportunismo de operadores comerciales, grandes superficies y gran distribución que vieron cómo aumentaron sus márgenes a costa de los agricultores. A esto se le suma que la calidad de los productos de terceros países, es muy cuestionable, lo que provoca el desincentivo del consumo a pesar de que los consumidores pagan precios similares a los de otras campañas.

Gracias entre otras cuestiones a las acciones y movilizaciones llevadas a cabo desde UPA Andalucía a lo largo de 2019, se han puesto en marcha medidas urgentes por parte del Ministerio de Agricultura que han contribuido a paliar la dura crisis de precios que está arruinando al sector. Tras dos años nefastos, la campaña actual se desarrolla por el momento con un mercado ágil y con precios razonables, influenciada con la escasez de cítricos con una caída productiva mayor de lo que estimaron los aforos iniciales, llegando hasta el 40% en el caso de la variedad de naranja navelina.

No podemos hablar en positivo de la fruta de hueso que, tras cinco años consecutivos, sigue arrastrando precios ruinosos para los productores, que durante 2019 han caído un 30% con respecto a la campaña anterior. La producción ha sido un 5% mayor que el año pasado, con un total de 100.000 toneladas, pero las variaciones climáticas también han provocado problemas en el destino, desajustes con la fruta verde, y una reducción del consumo.

Sector vitivinícola

Nuevamente, la falta de agua, acompañada de unas temperaturas más suaves de lo habitual en verano, han marcado un descenso en la producción vitivinícola, a lo que se ha añadido la proliferación de los hongos de la madera. La DOP Montilla-Moriles ha descendido su producción un 20% en esta campaña, mientras que en el marco de Jerez la merma ha sido aún mayor, del 30%. No obstante, ha habido un aumento de la calidad. La uva ha tenido gran calidad sanitaria y alto contenido en azúcares, lo que puede resultar en una cosecha de vinos con buena fermentación.

A pesar del descenso de la cosecha, de media, los viticultores no han percibido por su producción los precios esperados, ni en uvas blancas ni tintas. Son precios que siguen por debajo de los costes de producción, lo que imposibilita la rentabilidad de las pequeñas explotaciones dedicadas al cultivo de la vid, que suponen el 67% del total de la superficie andaluza.

Estos bajos precios en origen suponen una gran amenaza para el sector, donde muchos agricultores están realizando la reconversión a otros cultivos que presentan mayor rentabilidad; sin ir más lejos, en los últimos años se ha perdido un 25% de la superficie cultivada en Andalucía, y tampoco está produciéndose un relevo generacional.

Desde UPA Andalucía, consideramos que la solución para salvar esta actividad pasa por concentrar la producción en cooperativas para poder tener mayor control sobre la oferta y el precio, producir, envasar y comercializar nuestros vinos para que el valor añadido se quede en Andalucía, y hacer mayor inversión en su promoción.     

En el último trimestre del año, el Ministerio de Agricultura ha presentado una “hoja de ruta” con medidas para la estabilidad y la calidad de los vinos, partiendo de una propuesta de la Interprofesional del Vino (OIVE), en la cual participa UPA, con objeto de exigir unos requisitos mínimos de calidad para la uva de vinificación fuera de las DO e IGP, intensificar el control de los subproductos vínicos para destilación y establecer un mecanismo de regulación de la oferta del vino mediante normas de comercialización en base a lo contemplado en la OCM. En los próximos meses se definirán y concretarán el conjunto de medidas de la hoja de ruta.

Otro asunto que preocupa al sector vitivinícola por su inminencia es el Brexit, pues la salida del Reino Unido de la Unión Europea puede afectar mucho a producciones como la de los vinos de Jerez, que tienen en el mercado británico a uno de sus mayores importadores.

Y malos resultados puede tener la aplicación de los nuevos aranceles del 25% que EEUU ha anunciado para nuestros vinos españoles envasados, pues el país americano es el mercado más importante en valor económico, con una exportación de 73 millones de litros, por valor de 301 millones de euros, entre julio de 2018 y el mismo mes de 2019.

Cultivos herbáceos

El balance final de la campaña de cultivos herbáceos ha sido bastante negativo, pues la sequía ha dado como resultado una cosecha catastrófica, con una reducción muy importante de la producción y un menor rendimiento.

En cuanto a las cotizaciones de precios en origen, han sido muy bajas, a lo que se une el aumento de los costes de producción, principalmente en energía y fertilizantes.

Poniendo el foco en los cereales de invierno de secano, los mayoritarios en Andalucía, estos han sufrido un descenso de la producción muy grave, en torno al 35%, pues la citada ausencia de precipitaciones no ha permitido que la espiga se desarrolle con normalidad dando lugar a cuantiosas mermas de cosecha.

Arroz

2019 comenzó con la buena noticia para el sector arrocero de que la Unión Europea aprobaba una cláusula de salvaguarda sobre las importaciones de arroz procedentes de Camboya y Myanmar durante tres años. Estas producciones entraban a Europa con arancel cero y compitiendo deslealmente con el producto intracomunitario, pues no cumplen las mismas exigencias en materia de salud, laboral y medioambiental. Por tanto, la llegada masiva de producto procedente de países externos a la Unión Europea estaba perjudicando gravemente la rentabilidad de nuestra industria y productores.

Pero la campaña no se ha cerrado con la misma positividad en las marismas sevillanas pues, los arrozales, cerraron la campaña a principios de noviembre con una merma en la producción en torno al 30%, lo que ha supuesto unas pérdidas de 35 millones de euros para el sector arrocero. Esta grave situación de descenso en la cosecha se debe a la sequía y al alto grado de salinidad de río Guadalquivir, que es el que riega los campos de arroz ante la ausencia de precipitaciones. Desde UPA, consideramos que el aumento del grado de salinidad en las aguas viene provocado por la subida del tapón salino del río, derivada de una mala gestión de los desembalses, por parte de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, y de los dragados de mantenimiento que la Autoridad Portuaria de Sevilla lleva a cabo. Por tanto, exigimos mayor responsabilidad por parte de ambas instituciones, para que no afecten tan negativamente a un sector tan importante para la provincia de Sevilla y Andalucía.

Desde UPA nos unimos a las reivindicaciones históricas del sector arrocero, que demanda desde hace décadas a Europa mejoras e inversión en el cultivo del arroz, y la modernización de los sistemas de regadío. De esta forma, el cultivo sería más sostenible, pues ahorraría entre 50 y 100 hectómetros cúbicos anuales, garantizaría el riego y evitaría la salinización de las aguas.

GANADERÍA

El principal problema de la ganadería es la falta de rentabilidad de las explotaciones pues, de forma generalizada, los ganaderos perciben unos precios muy bajos por sus producciones, desde hace ya varios años. Si a eso unimos el importante incremento de los costes de producción, especialmente en lo que se refiere a energía, fertilizantes y piensos, la ecuación no hace más que generar pérdidas para los productores.

Como ya hemos comentado, a excepción de algunas precipitaciones en primavera, y las lluvias en el último periodo del año, hemos vivido una campaña sacudida por la sequía, y con temperaturas más altas de lo normal. Han sido muchos los cultivos andaluces, que han visto mermada su cosecha de manera importante. Sin ir más lejos, la producción de cereales se ha reducido en 2019 en un 35%, resultando una cosecha de peor calidad y más cara de lo habitual, debido a su escasez. A esto se añade que, también por la ausencia de precipitaciones, los campos y dehesas apenas han tenido forraje y pastos con los que alimentar al ganado. Por tanto, los ganaderos se han visto obligados a gastar mucho más en piensos y forrajes, e incluso en cubas de agua para abastecer a los animales, especialmente en época estival. Algunas zonas muy afectadas por todo este panorama son la Sierra Norte de Sevilla y los Montes de Málaga, y las comarcas ganaderas de Granada, Almería, Córdoba y Huelva.

Nos encontramos ante un sector que, además de ser un oficio muy sacrificado, está muy machacado, sujeto a grandes desequilibrios en la cadena agroalimentaria, lo que está provocando el cierre de muchas explotaciones y la falta de relevo generacional.

Por si fuera poco, a tenor de la emergencia climática y la sostenibilidad, se está viendo muy atacado injusta y falsamente a cuenta de las emisiones de la ganadería, que suponen el 11,6% (frente al 26% del transporte, por ejemplo). Además, el Ministerio para la Transición Ecológica, recoge que los suelos gestionados por el sector primario eliminan en la actualidad prácticamente la misma cantidad de CO2 que las emisiones de gases de efecto invernadero que produce dicho sector. Es decir, que el sector primario en la actualidad es neutro en balance de carbono.  También, con relación a la contaminación, el consumo de carne está siendo objeto de injustos ataques, cuando gran parte de nuestra ganadería es extensiva, con lo que la producción de alimentos en este sector también supone frenar incendios forestales y el despoblamiento. Frente a esto, desde UPA proponemos un consumo responsable de carne, dentro del contexto de la Dieta Mediterránea porque, lejos de acabar con las emisiones a la atmósfera, el fin de la producción de carne agravaría el problema.

A continuación, hacemos balance de producción y precios en los distintos sectores ganaderos andaluces, en el año que acabamos de dejar atrás:

Caprino

Desde finales de 2018, el precio para la leche de cabra ha sido superior al de las últimas campañas, debido a un descenso de la producción (4 % hasta el último trimestre) por la falta de rentabilidad del sector y la demanda de otros países hacia nuestra leche, debido a su alta calidad. Este aumento del precio no significa que el sector esté viviendo una situación desahogada, ya que venimos de unos años con precios muy bajos y un nivel de endeudamiento alto en este sector. En el pasado año, la cotización media a estas alturas era de 74,52 euros por cien litros, que en el último ejercicio ha subido un 5,5%.

El sector del caprino está realizando importantes mejoras sanitarias y productivas, y los precios deben ser acordes a este esfuerzo y dedicación. En Andalucía contamos con un millón de cabezas aproximadamente, que produce el 42% de la leche nacional y el 20% de la leche de cabra en Europa.

En cuanto a la estructura del sector, DCOOP se está convirtiendo en el mayor comercializador de leche de cabra con 60 millones de litros anuales, con la incorporación de la cooperativa Los Filabres.

En nuestra comunidad autónoma, líder en caprino a nivel nacional, el precio del cabrito lechal se ha disparado durante el último mes debido al incremento de la demanda de consumo con motivo de las fiestas navideñas. Además, este precio supone un aumento del 11,2% frente a los 449,50 euros por cien kilos que se registraban como media en la misma semana del pasado ejercicio, lo que supone una fuerte revalorización para los productores durante el presente año 2019.

En ovino el ejercicio 2019 tendrá una cotización semanal media más baja que en 2018 a pesar de los incrementos de precio reflejados en los últimos meses.

Vacuno

Los precios del vacuno se sitúan en torno a los 0,338-0,349 € el litro en Andalucía, algo superiores a la media nacional, a 0,326 € el litro de media. El precio de la leche de vaca ha ido subiendo levemente desde 2016, donde el precio medio anual se situó en 0,30 € litro, totalmente ruinoso para el sector. Aunque leve, este aumento permite la supervivencia de las explotaciones lácteas, siempre que aumenten su tamaño y se mecanicen, aunque con estos precios no animan al relevo generacional de las explotaciones lecheras.

Avícola

Andalucía es la tercera comunidad en producción avícola, muy cerca de la Comunidad Valenciana, que es la segunda. El número de explotaciones está creciendo en los últimos años. Sin embargo, la rentabilidad de estas explotaciones es baja para la inversión que necesita.

A nivel empresarial se han producido grandes cambios, como el cierre de la cooperativa Guadavi y el auge de Aviserrano (Avinatur, Pinchos Jovi, Paviso), sobre todo por el empuje que Mercadona ha dado a Avinatur al tenerlo como proveedor.

Porcino

La peste porcina africana (PPA) en China ha provocado una fuerte demanda por parte del país asiático, que ha colocado a España como principal productor europeo y, por tanto, se está beneficiando de ello. Ni siquiera los aranceles a la carne impuestos por EEUU están afectando demasiado a este sector debido a la gran demanda china. Además, hay que unir que la PPA también está afectando al Norte de Europa, países competidores con España en las exportaciones. Por este motivo, estamos en un momento de buenos precios para la carne de porcino en general.

En cuanto al porcino ibérico, la situación es buena y, unida al buen escenario que vive el cerdo blanco, podemos hablar de una importante labor exportadora y de un sector más profesionalizado, lo que permite mayor estabilidad en los mercados. La Norma de Calidad, aunque con algún matiz, está sirviendo para evitar los fraudes que tanto daño han provocado al sector del ibérico.

Apicultura

El año 2019 ha sido muy seco, lo que ha disminuido las floraciones melíferas. Por tanto, esta campaña se ha caracterizado por un descenso en la producción de miel, a la que se ha unido una mortandad elevada de abejas. Los motivos son varios: por un lado, la falta de alimento en primavera y verano; por otro, el abejaruco, cada vez más presente, debilita la colmena y la hace más susceptible a otras plagas y enfermedades. Por último, también ha influido la presencia de la varroa en la mayoría de los colmenares, y que es resistente prácticamente a todos los productos.

Este descenso en la producción no ha llevado aparejado una subida de los precios de la miel, debido a las importaciones llegadas de países terceros, a menudo mieles de peor calidad, mezcladas con otros azúcares y producidas con muchas menos garantías que la española. Por tanto, nuestra batalla solo puede ser la de defender la calidad de nuestro producto; por esta razón, seguimos demandando un etiquetado que indique el país o países de origen, y el porcentaje de miel pura que contiene, para que el consumidor pueda decidir con toda la información necesaria qué miel consume.

Buenas perspectivas en sanidad animal

Pero no todo son malas noticias para la ganadería, ya que gracias al esfuerzo conjunto de ganaderos, veterinarios y administración, la Decisión de Ejecución (EU) 2019/1970, publicada en el Diario Oficial de la Unión Europea el pasado 28 de noviembre, se aprobó la declaración de las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla como oficialmente indemnes de brucelosis ovina y caprina. Las provincias de Almería, Granada y Jaén, se declararon como oficialmente libres de brucelosis bovina en 2018.

UPA Andalucía destaca especialmente la labor llevada a cabo por los ganaderos que, mediante su esfuerzo, están consiguiendo una cabaña ganadera cada vez más saludable en nuestra región. Aparte de las provincias ya declaradas como libres de brucelosis, el resto continúan trabajando de cara a conseguir dicho estatus, con el fin de obtener la declaración oficial como indemnes de esta enfermedad en toda Andalucía. Durante 2020 se espera su erradicación total de la misma en nuestra comunidad autónoma.

En cuanto a la tuberculosis, que tantos problemas ha acarreado a los ganaderos de vacuno andaluz en estos últimos años, se están consiguiendo disminuir las prevalencias, por lo que estamos en el buen camino para exterminarla.

Otro aspecto destacado es la ausencia de brotes epidémicos de lengua azul gracias a la vacunación masiva de toda la cabaña de ovino de los serotipos 1 y 4. La vacunación es la única herramienta válida para controlar esta enfermedad, ya que la situación geográfica y de tránsito hacen que el peligro de contaminación sea elevado. Solo se ha declarado algún foco del serotipo 4 en fauna silvestre controlada.