Otra consecuencia del coronavirus: compramos menos carne o pescado y consumimos más productos ultraprocesados ¿por qué?

Acción contra el Hambre ha presentado la situación del hambre en el mundo, y en España,  derivada de la crisis del coronavirus. Advierten que la relación entre desempleo y una mala alimentación es bidireccional: no solo come peor quien ve reducidos sus ingresos, sino que el deterioro de su estado de salud por un cambio de dieta reduce sus posibilidades de empleo.

Acción contra el Hambre ha presentado la situación del hambre en el mundo, y en España,  derivada de la crisis del coronavirus. Tanto Antonio Vargas, responsable de salud y nutrición de la organización humanitaria, como Manuel Sánchez Montero, director de incidencia y relaciones institucionales, muestran la necesidad de poner el foco en las consecuencias alimentarias que está trayendo esta pandemia para millones de personas.

Los profesionales de Acción contra el Hambre que trabajan por la inclusión sociolaboral de personas desempleadas y en situación de vulnerabilidad en 10 comunidades autónomas alertan a su vez de un cambio de patrón en la dieta de las familias que han perdido su empleo o han visto drásticamente reducidos sus ingresos: “compran menos pescado, carne o productos frescos y hacen más frecuente el consumo de ultraprocesados, a la venta a precios más baratos”, explica Vargas, quien advierte que la relación entre desempleo y una mala alimentación es bidireccional: “no solo come peor quien ve reducidos sus ingresos, sino que el deterioro de su estado de salud por un cambio de dieta reduce sus posibilidades de empleo”.

Acción contra el Hambre está integrando una nueva línea de trabajo en sus programas de empleo en España para incorporar buenos hábitos nutricionales y saludables como factor clave para la empleabilidad de las personas.

Los trabajadores humanitarios son personal esencial

Manuel Sánchez Montero, director de incidencia y relaciones institucionales en Acción contra el Hambre, resume en tres puntos lo que sucede a nivel humanitario: “En primer lugar, no se puede hacer más con menos, el impacto de la COVID-19 se ha añadido a las necesidades humanitarias preexistentes, por lo tanto, se necesitan recursos extraordinarios para dar una respuesta que, además, va más allá de la sanitaria, como asegurar los medios de vida y la seguridad alimentaria. En segundo lugar, no nos podemos olvidar de otras crisis también importantes, como la humanitaria de Yemen o la guerra de Siria. Y, por último, es importante que los trabajadores humanitarios sean considerados como personal esencial, al igual que el personal médico o de servicios básicos, para seguir apoyando a las poblaciones de forma efectiva”.

Las dificultades de movimiento para la ayuda humanitaria, de la que dependen casi 170 millones de personas en el mundo, ha sido otro de los grandes retos durante la pandemia. Acción contra el Hambre ha abogado desde el inicio de la crisis para que los trabajadores humanitarios fuesen considerados trabajadores esenciales a todos los efectos y se eliminasen todas las trabas administrativas y logísticas a su despliegue.

La necesidad de proteger a estos profesionales del contagio y de adaptar en muy poco tiempo actividades como las distribuciones de alimentos para evitar contagios, y hacerlo en un momento en el que el suministro mundial de mascarillas y equipos de protección individual estaba bajo una enorme demanda, fue un desafío entre marzo y junio.